Fotodigrafías de identidad
Juan Domingo Marinello

Siempre he tenido la obsesión de fotografiar fantasmas. Por más de treinta años, la cámara fotográfica me ha sido un pretexto y pasaporte para emprender viajes a muchos lugares. Es cierto, que la mayoría de las veces el viaje termina frente aun pote de margarina o el retrato de algún ejecutivo. Muy de tarde en tarde me condujo a espacios y tiempos mágicos. Soy de aquellos perseguidos por la lógica a los cuáles la realidad casi siempre esconde lo paranormal.

Como todos los que nos dedicamos a este bello oficio, a lo largo de nuestra vida profesional acumulamos una enorme cantidad de fotografías incompletas, de esas a las que les faltó algo o les sobró algo. Consecuentemente pertenecen a espacios y tiempos diferentes. Las herramientas digitales permiten unirlas, recreando un tiempo y espacio propios del fotógrafo.

La fotografía, por otro lado, es dependiente de tener enfrente un objeto o sujeto, en consecuencia somos prisioneros de la "realidad". Probablemente es el encanto y la magia del testimonio documental, sin perjuicio de constatar que esta misma tirana realiza alquimias notables, uniendo por su cuenta el tiempo y el espacio ante la presencia de la cámara.

Durante estos últimos años, más por obligación que por amor a primera vista, he debido interiorizarme del universo de la Fotografía digital. Y me he encontrado con lo que llamo "Fotodigrafía".

Fotodigrafía (o creo que fue "Digifotografía" es una palabra diferenciadora, nacida en un lugar de Caracas hace casi quince años. Fue creación casi colectiva, asistida en su parto por algunas cervezas con vocación de matronas, de participantes en uno de esos Congresos que hacen de catarsis para los que amamos la fotografía; quiso ser un intento léxico, diferenciador del de "Fotografía", para evitar la inevitable contienda. Hoy la entiendo como una útil advertencia para la lectura del espectador. Quiero, en mi caso, bautizar a las imágenes que, manteniéndose dentro de leyes visuales inherentes al registro fotográfico tienen algún tipo de manipulación digital. Me parece un excelente término para evitar la bizantina discusión que se plantea en torno a la adulteración del lenguaje ortodoxo del documento fotográfico. Así mismo, será liberada con este bautizo de la culpabilidad del engaño.

La Fotodigrafía me permite realizar viajes interiores, en la geografía del propio archivo, uniendo tiempos y espacios valederos en la percepción del autor. En esta perspectiva plantea, si uno no sucumbe al artificio de generar imágenes aleatorias, un interesante meta lenguaje al servicio de las particulares sensibilidades de cada autor.

Les he añadido el concepto de "identidad" porque están fabricadas de mis propios fantasmas, de los rincones que amo, de mis obsesiones y voyerismos inocuos.

Algunos se encuentran a metros de mi casa, otros a cientos de kilómetros. Estas imágenes presentadas aquí, son en realidad autorretratos.

La Fotodigrafía me otorga el privilegio de unir los mundos sencillos, de poner en vitrinas de mi identidad lo alejado del éxito y de la eficiencia que obliga. Aquellos que permiten una siesta. Los que no tienen el imperativo directo de saber cada hora el comportamiento de la Bolsa de Tasmania.

En el mundo real, es el tiempo, poderoso alquimista, el que transforma las cosas, las dispersa o las reúne en una feria persa cualquiera. En cambio en estas fotodigrafías fui yo el que reemplacé al duende de la "realidad", buscando en la feria persa de mis archivos desechados, desde donde provienen la mayoría de estas imágenes reconvertidas.

El resultado constituye, para mí, una pequeña muestra de realismo mágico no posible en el documento tradicional. Varían según sea la rotación de sus componentes. Me permiten ser un paseante asiduo de estos archivos. Allí, transmutada, vuelvo a descubrir mi niñez y mi adolescencia. Me entretiene pensar en nuevos usos para estas imágenes que la ortodoxia del lenguaje tradicional dejó a la vera del camino.

Probablemente, en el fondo todo sea una ingenua venganza contra el río de la post-modernidad. Yo quise, pues, rescatar fotográficamente los paisajes, personas, y objetos que han sido parte de la pequeña historia de mi existencia individual.

La Fotodigrafía constituye, para mí y ojalá que para otros, el poder realizar exorcismos para rescatarse mas allá de la propia y efímera identidad particular. Quedan en estas imágenes partes de mi ser adheridos al soporte fotográfico deseando que perduren mas allá de mi ciclo vital, soñando que re descubiertas en un mercado de libros de viejo, vuelvan a conmover a otros iniciados que traspasen la anécdota visual. Al completarse el acto, algunos de ellos, aunque lejanos en el tiempo, serán mis parientes cercanos, hermanos de espíritu, cómplices en interpretar el mundo.

En esta muestra presento parte de estas obsesiones, de llenar ausencias con presencias archivadas.

 
 
   
 
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